CAMPESINO SOBRE UN TRILLO TIRADO POR UNA YUNTA DE MULOS QUE DAN VUELTAS Y MÁS VUELTAS SOBRE LA PARVA DE CEREALES AL RITMO QUE LES MARCA EL MULERO
Uno de los rincones paradisíacos para los niños hace sesenta o setenta años eran las eras de las afuera de los pueblos y ciudades, espacios empedrados en los que los segadores dejaban caer los haces ya deshechos de cereales o leguminosas para trillar dando vueltas y más vueltas, algunas veces acompañados por las canciones de era y parva que entonaba el campesino, gozoso porque eran tiempos de recogida de cosecha y eso siempre es digno de celebración. Los chiquillos nos las ingeniábamos para conseguir que algún agricultor nos subiera un ratito al trillo. Era un rato tan feliz, que ninguno de los que vivimos aquella experiencia la hemos olvidado. Texto y foto. Manuel Campos.