En una sola noche, Consuegra quedó sepultada bajo una corriente imposible de contener. El 11 de septiembre de 1891, una tormenta extraordinaria hizo desbordarse el río Amarguillo, arrastrando viviendas, puentes, calles y todo lo que encontró a su paso. La catástrofe dejó al menos 359 muertos y enormes zonas de la localidad destruidas. Las fotografías tomadas tras la riada muestran un paisaje irreconocible de ruinas y barro, convertido en uno de los grandes desastres históricos de Castilla-La Mancha.
