Fue un choque de fútbol apoteósico por el final, pero también fue emocionante e intenso en todo su desarrollo. El Albacete venía con ganas de revancha después de no haber sido capaz de ganar en la Liga Regional a nuestro Infantil A en los dos partidos, perdiendo en su Ciudad Deportiva y empatando en El Arroyo. Pero este era otro encuentro diferente, era la semifinal de la Fase Final, a un solo partido y con ambos conjuntos preparados para la cruzada. A los pocos minutos estábamos en condiciones de sacar las primeras conclusiones porque los blancos enseguida mostraron sus intenciones de ir a por la eliminatoria, con mucho ritmo y verticalidad. Pero los naranjas no se encerraron y buscaron también sus opciones inquietando a la defensa albaceteña con un juego no extremadamente lúcido pero sí limpio y sin ataduras ni desajustes. Y en una jugada incuestionable de carácter y finura llegó el primer gol para los locales, después de una elaboración preciosa que remató Alejandro Belda con su martillo izquierdo. Celebración fervorosa. Confundidos por el golpe los visitantes no reaccionaron hasta minutos después sin conseguir igualar antes del descanso.
En el segundo acto el equipo que tenía que buscar el empate lo buscó, basado en su físico y en su calidad, dejando a los nuestros a la espera de cazar por algún resquicio de la defensa contraria. La grada de casa comenzó a soplar en dirección al balón para alejarlo de nuestro área mientras la afición visitante soplaba en dirección inversa para acercarlo al mismo lugar. Y así con tanto empuje llegó el empate, que hizo crecer al que lo marcó y empequeñeció un poco al que lo recibió. La mayor posesión de balón del Alba no tuvo recompensa porque Odelot defendió bien y daba miedo al pasar de centro campo. Final empate a uno y prórroga. Nuestro equipo acusó unos minutos el cansancio por el despliegue mostrado y lo aprovecharon los de la Fundación para adelantarse en el marcador. Y recularon, grave error, porque los naranjas luchan hasta el final. A punto de cumplir el tiempo, Adrián Carrasco, portero, lanzó una falta desde propio campo, un bufido lleno de aire, un trueno con eco y el balón salió como un obús, proyectil hueco que se infló de ilusión y se coló en la portería blanca. 2-2 y penaltis. Aquí de nuevo resurgió Adrián, parando dos penaltis para dar el pase a Odelot, 5-3, a la Gran Final. Extraordinario el Infantil A.
