Hay reconocimientos que distinguen una trayectoria y otros que, por su propia naturaleza, obligan a mirar más allá de quien los recibe. Fernando Redondo Benito ha recibido este jueves en Ocaña la Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario, pero ha querido situar desde el primer momento la distinción fuera de cualquier lectura individual. La Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario, ha señalado, pertenece también a los hombres privados de libertad de Ocaña I, a los funcionarios y profesionales que sostienen diariamente la vida penitenciaria, a la Pastoral Penitenciaria, a la Iglesia y a cuantos han hecho posible que su servicio dentro de la prisión sea, antes que una actividad, una forma concreta de encuentro.

Voluntario de la Pastoral Penitenciaria de la Archidiócesis de Toledo, miembro de su equipo diocesano y Mayordomo de Finados de la Antigua, Ilustre y Real Cofradía de la Santa Caridad, Redondo entiende el reconocimiento desde una convicción sencilla y exigente a la vez: nadie entra verdaderamente en una prisión si no está dispuesto a dejar fuera una parte de sus seguridades, de sus juicios previos y de su manera habitual de mirar.

«Esta Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario lleva un nombre, pero contiene muchas vidas. Está hecha también del trabajo silencioso de los funcionarios, de la entrega de los profesionales, de la fidelidad de los capellanes y voluntarios y, sobre todo, de los hermanos privados de libertad que nos permiten entrar en un territorio profundamente humano. Recibirla supone para mí una alegría, pero también una responsabilidad: recordar que detrás de cada muro sigue habiendo una persona que no puede ser reducida a una sola página de su biografía».